• ⌂
  • historias
  • video
  • servicios
  • portafolio
  • Tienda
  • Acerca de
  • EN
Dan ★

Exploro del mundo, narro historias. Recorro lugares que no sabías que existían y los convierto en relatos visuales y escritos.

  • ⌂
  • historias
  • video
  • servicios
  • portafolio
  • Tienda
  • Acerca de
  • EN

La catedral que cambió de dios

En medio de un país que casi nadie reconoce existe una mezquita gótica. Es la Mezquita Lala Mustafa Pasha, en Famagusta, y desde hace más de cuatro siglos se alza allí uno de los edificios más desconocidos y particulares de Europa, uno del que capaz nunca hayas oído hablar.

Hace un tiempo recorría la isla de Chipre y, con ella, me picaba la curiosidad de cruzar al lado turco-chipriota. La República Turca de Chipre del Norte es un estado no reconocido (solo Turquía lo hace desde que se proclamó, en 1983) y está separado del resto de la isla por una zona de seguridad de la ONU y una franja minada. Una de sus ciudades es Famagusta.

Famagusta fue famosa por su papel estratégico en el Mediterráneo y por su patrimonio gótico y veneciano. Después de la caída de San Juan de Acre, en 1291, la ciudad recibió a mercaderes y refugiados cristianos del Levante y se convirtió en uno de los puertos más ricos de la cristiandad, hasta el punto de que la fama de su opulencia llegó a las crónicas de la época. En el corazón de ese casco antiguo se alza la Mezquita Lala Mustafa Pasha que, como verán, no es una mezquita cualquiera: solo basta mirarla para entender que fue una catedral.

Al acercarme noto su fachada tripartita, el gran rosetón, los arcos apuntados y los contrafuertes, y la impresión es la de estar ante una “Reims del Mediterráneo”, solo que levantada con caliza local y en un puerto fortificado del Mediterráneo oriental. El parecido no es casual: la catedral de Reims era el escenario donde se coronaba a los reyes de Francia, y los Lusignan, la dinastía de origen francés que gobernaba la isla, quisieron para sus propias coronaciones algo a esa altura.

La construcción empezó hacia 1298 como Catedral de San Nicolás, y las obras principales se dieron por concluidas hacia 1312, aunque el templo no fue consagrado hasta 1328. Con los años fue el principal templo católico latino del Reino de Chipre y el lugar donde los Lusignan recibían la corona de reyes de Jerusalén, un título que conservaban como herencia de las Cruzadas y que tenía más de ambición que de territorio. Los Lusignan importaron no solo poder político, sino también el estilo arquitectónico de su tierra, en este caso el gótico radiante, ese que busca disolver los muros en ventanales y luz.

Un terremoto en el siglo XVI derribó el campanario, y después del asedio de 1571 Famagusta fue conquistada por el Imperio Otomano, que transformó la catedral en mezquita. Aquel asedio, que duró casi un año, fue uno de los episodios más duros de la guerra entre Venecia y los otomanos: la ciudad llevaba desde 1489 bajo dominio veneciano, y su comandante, Marcantonio Bragadin, rindió la plaza a cambio de una promesa de clemencia que el general otomano, Lala Mustafa Pasha, no cumplió. De ese hombre toma el nombre el edificio, aunque solo desde 1954: durante siglos se la conoció como Mezquita de Santa Sofía (Ayasofya) de Magusa, para señalar que era la más grande de la ciudad.

El Eyalato de Chipre, siguiendo las reglas suníes, eliminó imágenes, altares y mobiliario cristiano, y añadió un minarete sencillo en el costado, pero respetó casi toda la estructura. Esa decisión, que parece una intervención, fue la que salvó al edificio, porque al convertirlo en mezquita se evitó reformarlo, y por eso sus elementos góticos han sobrevivido hasta hoy.

El interior cambió de “idioma” arquitectónico, y en esos cambios de función existe una tensión entre conservar el “espíritu del lugar” y atender la nueva funcionalidad. La mezquita conserva bóvedas de crucería, traceries y buena parte de la decoración gótica, de modo que quien entra se encuentra con el vocabulario de una catedral francesa leyendo, por así decirlo, el rito de otra fe.

La reutilización adaptativa de edificios llega a ser más compleja cuando se trata de fe a fe, en lugar de sagrado a secular. Convertir una fábrica en un museo es una cosa; convertir un templo en el templo de otra religión es otra muy distinta, porque lo que se transforma no es solo el uso, sino la memoria de quienes rezaron allí antes.

Mi amigo se refería a ella como “Agios Nikolaos”, pero para los turco-chipriotas (y en otras lenguas) el uso convenido es Mezquita Lala Mustafa Pasha. Sin embargo, así seas greco-chipriota, todos son conscientes desde hace siglos de que su uso actual es el de una mezquita, incluso antes de la invasión turca de 1974. Es decir, el nombre no condiciona su uso: es solo una herencia, un acuerdo social.

Cuando un lugar se usa con fines nacionalistas o políticos, adscritos al momento, la identidad y la memoria del sitio pueden mutar. Aunque sus creadores fueron franceses y quienes la perdieron fueron venecianos, hoy hay grupos radicales, ajenos históricamente, que quieren apropiarsela.

La reutilización adaptativa hiere específicamente a los edificios de fe, porque, sin pretenderlo, sus paredes se vuelven depósitos de identidad. Transgrede incluso la funcionalidad, como en Hagia Sofía (iglesia en el siglo VI, mezquita desde 1453, museo desde 1934 y de nuevo mezquita desde 2020), o la lingüística, como en el caso de la Catedral-Mezquita de Córdoba, que fue mezquita desde el siglo VIII y catedral desde 1236, y que conserva en su interior los dos idiomas.

En una ciudad donde los cadáveres de otras iglesias que no sobrevivieron al asedio siguen en pie, la singularidad de la Mezquita Lala Mustafa la sostiene a salvo, a medio camino entre ser desconocida y funcional. Porque la arquitectura es siempre una gran armadura de una intencionalidad.

tags: famagusta, catedral, iglesias hechas mezquitas, mezquitas goticas, estilo gotico, chipre, Chipre del norte, republica turca de Chipre del norte
categories: Historias
Wednesday 11.04.26
Posted by Dan Gamboa
Newer / Older