Eran las 12.40 de la mañana. Llegaba a mi puerta un genio enfadado, con ceño fruncido.
Kurram
“¿Cuántos reinos, cuantas historias, cuantas leyendas?, todo arrojado al mar por tesis de un insignificante esfuerzo.”
Eran las 12.40 de la mañana. Llegaba a mi puerta un genio enfadado, con ceño fruncido.
“¿Cuántos reinos, cuantas historias, cuantas leyendas?, todo arrojado al mar por tesis de un insignificante esfuerzo.”